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| Foto: Lola Pena |
Todos sabemos que vivir comporta un cierto nivel de sufrimiento. En nuestras vidas existen el dolor físico y las enfermedades. Contra ellas poco podemos hacer salvo intentar aliviarlas con la medicina.
Pero existe otro tipo de sufrimiento que es el sufrimiento mental, un sufrimiento que es fruto de nuestros deseos descontrolados y de nuestra ignorancia.
Un deseo no conseguido puede devenir en ira, en frustración, en envidia... Nuestra ignorancia nos hace caer en esos sentimientos. Y un deseo cumplido nos puede llevar a buscar la consecución de un nuevo deseo.
Somos egoístas y siempre queremos más; nunca nos llega con lo que ya tenemos. Por eso, en lugar de vivir nuestros deseos como una meta hacia nuestra felicidad, los vivimos como una nueva atadura que nos limita la libertad de movimiento en nuestras vidas.
No es que ahora me vaya a volver budista pero cuando una se da de bruces con pensamientos que son válidos para la vida, yo me pregunto: ¿por qué no adoptarlos?
Debemos liberarnos de nuestros deseos si estos nos impiden lograr la verdadera felicidad. Se puede erradicar el sufrimiento mental y lograr la felicidad si nos alejamos del ansia de poseer que el capitalismo feroz nos ha metido hasta en el último poro de nuestra piel.
Por eso, al final, vemos que todo se reduce a este breve pensamiento: quien no tiene nada, lo posee todo. No teme perder sus posesiones materiales porque posee nuestro bien más preciado; posee la felicidad.

La vida que da tantas vueltas y todo es un proceso tanto mental como físico. Pensar, saber qué elegir, siempre estamos debatiéndonos entre unas cosas y otras. Pero mejor es intentar que lamentar no haberlo intentado.
ResponderEliminarsaludos
Rosa
Así es la vida, Rosa, tienes razón. Yo soy de las que pienso que siempre hay que intertarlo, nunca rendirnos y sobre todo andar ligeras de equipaje, que a veces llevamos por la vida más posesiones de las que en realidad necesitamos.
EliminarGracias por tu comentario y por tu lectura.
Un saludo.