jueves, 19 de febrero de 2015

Quien no tiene nada...

Foto: Lola Pena
Quien no tiene nada, lo posee todo. O eso es al menos lo que dice uno de los principios fundamentales del budismo. Y cada día que pasa estoy más de acuerdo con este principio.

Todos sabemos que vivir comporta un cierto nivel de sufrimiento. En nuestras vidas existen el dolor físico y las enfermedades. Contra ellas poco podemos hacer salvo intentar aliviarlas con la medicina.

Pero existe otro tipo de sufrimiento que es el sufrimiento mental, un sufrimiento que es fruto de nuestros deseos descontrolados y de nuestra ignorancia.

Un deseo no conseguido puede devenir en ira, en frustración, en envidia... Nuestra ignorancia nos hace caer en esos sentimientos. Y un deseo cumplido nos puede llevar a buscar la consecución de un nuevo deseo.

Somos egoístas y siempre queremos más; nunca nos llega con lo que ya tenemos. Por eso, en lugar de vivir nuestros deseos como una meta hacia nuestra felicidad, los vivimos como una nueva atadura que nos limita la libertad de movimiento en nuestras vidas.

No es que ahora me vaya a volver budista pero cuando una se da de bruces con pensamientos que son válidos para la vida, yo me pregunto: ¿por qué no adoptarlos?

Debemos liberarnos de nuestros deseos si estos nos impiden lograr la verdadera felicidad. Se puede erradicar el sufrimiento mental y lograr la felicidad si nos alejamos del ansia de poseer que el capitalismo feroz nos ha metido hasta en el último poro de nuestra piel.

Por eso, al final, vemos que todo se reduce a este breve pensamiento: quien no tiene nada, lo posee todo. No teme perder sus posesiones materiales porque posee nuestro bien más preciado; posee la felicidad.